Jordi Riera i Romaní, miembro del grupo de investigación en Pedagogía Social de la Universitat Ramon Llull
Miquel Àngel Prats i Fernández, profesor de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación de la Universitat Ramon Llull
Miquel Àngel Prats i Fernández, profesor de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación de la Universitat Ramon Llull
En primer lugar, queremos puntualizar que posiblemente el problema básico no sea introducir las TIC en la educación sino más bien construir y reformular un modelo educativo que incorpore las TIC sin ningún tipo de dificultad. Ya es bien conocida la historia de Seymour Papert en donde nos explica que un cirujano de mediados del siglo XIX se trasladó mágicamente en el tiempo a un quirófano moderno. Ese cirujano se encontró totalmente inútil ya que no reconoció nada, no supo qué hacer o cómo ayudar. Sin embargo, comenta Papert, si hubiese sido un maestro de escuela de mediados del siglo XIX que se hubiera trasladado en esa misma máquina del tiempo a un aula de hoy día, podría continuar dando la clase que su colega hubiese interrumpido, excepto en algunos pequeños detalles.
Creemos que plantearse el uso y la incorporación de las TIC en la enseñanza hoy día es señal de un modelo educativo que va muy por detrás de cualquier cambio social, político, económico y cultural. Tal y como hemos comentado anteriormente, nos gusta pensar en una educación que va más allá de la escuela y que se plantea de forma natural dar respuesta a las diferentes demandas y necesidades de la sociedad.
Para ello, pensamos en un paradigma educativo que incorpora las TIC en la enseñanza, de forma integrada y transversal, haciendo olvidar las clásicas clases de audiovisuales e informática, sin perjuicio que sigan existiendo provisionalmente. En concreto una incorporación integradora y transversal, basándonos en el concepto e infraestructuras de aulas multimedia "ordinarias" y que se plantea los siguientes objetivos,
· apoyar didácticamente al profesor en la transmisión de contenidos, procedimientos, valores y actitudes, y específicamente su rol mediador ante un planteamiento del aprendizaje de corte sociocognitivo constructivista.
· mejorar el modelo docente presencial tradicional puesto que utiliza una herramienta que le ayuda a maximizar el trabajo cooperativo en clase y liberarlo de la transmisión de información masiva, haciendo extensiva la presencia en diferentes modalidades, y no hipotecándola en el núcleo ontogénico de su potencialidad hacia modelos semipresenciales devaluados.
- acceder más fácilmente y de forma interactiva a las fuentes de información y conocimiento.
- generar diferentes escenarios de aprendizaje cooperativo y colaborativo (foros, chats, correo,...)
- estimular, motivar e incentivar la actividad instructiva sujeta y vinculada a "deseo emocional" y, en definitiva, promover la participación y la escucha activa por parte de todos los participantes del acto docente,
· alfabetizar y familiarizar al sujeto "educando" en el uso de herramientas tecnológicas que más tarde serán requeridas para tareas de tipo laboral y profesional, avanzando así su proceso de desarrollo personal y profesional, así como el de inserción laboral futura, a etapas claramente preventivas y propedéuticas.
En definitiva, optar por un modelo instructivo tecnocrítico, que incorpora las tecnologías a la enseñanza, pero no convierte a éstas en la mismísima finalidad del acto de aprender. Si así sucediera, estaríamos hipotecando de nuevo -no sería la primera vez- las inmensas posibilidades que los avances tecnológicos nos aportan, en la medida que son incorporadas dignamente bajo los parámetros e indicaciones sabias de la ciencia pedagógica.