Os IGNORANTES, que acham saber tudo, privam -se de um dos maiores prazeres da vida: APRENDER.

INTERNET Y LA ESCUELA DEL FUTURO

 

DIONISIO PÉREZ, DIRECTOR DE COMUNIDAD ESCOLAR DIGITAL
Algunos expertos auguran que en el año 2005 Internet será tan grande como el sistema telefónico lo es hoy, lo que es mucho decir, ya que en el mundo hay instaladas más de 600 millones de líneas telefónicas. Desde 1988 la Red ha crecido en Estados Unidos a un ritmo del 20% trimestral, una explosión que se traduce en el funcionamiento de 10 millones de servidores y en la conexión de unos cien millones de usuarios norteamericanos, más de la mitad de los que acceden a Internet en todo el planeta.
Si hacemos caso de estos datos no es arriesgado pensar que en un futuro no muy lejano estaremos rodeados de ordenadores por todas partes. Hay científicos que aseguran que en el plazo de unos quince o veinte años los microprocesadores serán tan baratos que se convertirán en un sustitutivo del papel en el que escribimos. Así pues habrá cuadernos, tableros y paneles digitales en el hogar, en le centro de trabajo, en la calle...Incluso el dinero llegará a ser digital y estará almacenado en tarjetas inteligentes, que incluirán también nuestro historial médico, los datos del seguro, los números del DNI o pasaporte e incluso podrán estar conectadas a Internet. En la futura "sociedad inteligente" nos aguardan además electrodomésticos que respondan a la voz humana, robots con capacidad de decisión, automóviles guiados por satélites de comunicaciones e increíbles avances en el terreno de la medicina.
La ciberescuela
Pero ¿y la escuela?. La pregunta es ¿cómo será el medio escolar en el mundo cibernético que nos espera?. Si nos guiamos por lo expuesto hasta ahora no es descabellado pensar en un tipo de "aula inteligente" o incluso en una formación en el propio hogar a partir de equipos informáticos de amplio repertorio. En este escenario los alumnos apenas utilizarían los libros de texto actuales, sino más bien recursos como el CD-ROM y otros materiales multimedia, además de disponer de una biblioteca virtual. La videoconferencia será una herramienta cotidiana en el proceso de formación y los alumnos podrán conectarse con profesores distintos a los habituales y otros centros o instituciones a lo largo de su jornada escolar. Todo indica que el profesor actuará más como un "orientador de saberes" que como transmisor de conocimientos. Las desesperantes "congestiones gráficas" que hoy sufre Internet habrán sido superadas por la fibra óptica y el láser y cualquier "ciberescolar" podrá "bajarse" de la Red, en una fracción de segundo, el equivalente al volumen de la Enciclopedia Británica.
Son ya muchos los convencidos de que Internet se convertirá en muy poco tiempo en el principal instrumento formativo. Algunos se atreven a poner plazos y señalan que allá por el 2020 la Red accederá a la suma total de la capacidad humana en este planeta, es decir, contendrá los conocimientos y sabiduría almacenados en los cinco mil años de nuestra historia registrada.
 
 
Un elemento imprescindible
Hasta aquí lo que se puede considerar como ciencia-ficción, aunque más bien parece un simple avance del futuro cercano. No hay que olvidar que en 1996 había en España 428 centros y 900 profesores conectados a la Red y sin embargo a fecha de hoy disponen de conexión el 92% de los institutos de Secundaria y el 75% de los centros de Primaria y son más de 50.000 los usuarios conectados si se suman centros, profesores, Centros de Profesores y Recursos (CPRs), alumnos y tutores, según los datos del Programa de Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (PNTIC) del MEC. (...)
Es un hecho que las tecnologías de la información están cambiando nuestras formas de trabajo y nuestra vidas a un ritmo difícil de asimilar. En este proceso, los docentes se sienten cada vez más familiarizados con la cultura informática y se sirven de Internet tanto para el acceso e intercambio de información como para el enriquecimiento de su labor; lograr documentación para una clase capturando ficheros, participar en chats educativos, recibir y enviar mensajes electrónicos o elaborar la propia web -en ocasiones en colaboración con los alumnos-, empiezan a constituir ya tareas habituales del trabajo diario para muchos profesionales de la educación.
Nuevo papel
Frente a los que consideran que los cambios que se producirán en el ámbito docente sólo serán superficiales, están los convencidos de que las nuevas tecnologías modificarán radicalmente el modelo actual, convirtiendo la escuela en un entorno interactivo. Se insiste en que el profesor tendrá en este escenario un papel diferente; surgen palabras como "guía" y "asesor", se habla de su trabajo como el de un orientador capaz de enseñar a encontrar y a seleccionar en el amplio ciberespacio. Y lo que es más importante, el futuro a medio plazo ve en la figura del profesor un profesional cualificado para transmitir formas de aprendizaje que posibiliten una actualización permanente del individuo, el aprender a aprender.
No será fácil mantener las pautas actuales en un contexto en el que la velocidad de generación de nuevos conocimientos será explosiva. La idea de formarse durante unos años para aplicar los conocimientos durante el resto de nuestras vidas pasará a formar parte del museo de la pedagogía. El nuevo profesor deberá moldear sus destrezas sobre la base de que el aprendizaje es una tarea de por vida, en una sociedad en la que emergerán trabajos distintos a los que hoy conocemos y donde los conocimientos en tecnologías de la información serán tan esenciales como hoy son la lectura, la escritura o el cálculo.
En resumen, la escuela del futuro estará definida por una serie de denominadores comunes: dispondrá de un amplio abanico de equipos informáticos y materiales multimedia, la enseñanza tenderá a ser más personalizada y primará el trabajo en grupo del alumnado, y los docentes se ocuparán especialmente de desarrollar la creatividad y de enseñar a los escolares a seleccionar los contenidos relevantes a partir de la "sociedad digital".
Prioridades y estrategias
No obstante, a lo largo de esta metaformosis la escuela (y el profesor) deberá también definir sus prioridades y estrategias frente (o junto) a las nuevas tecnologías. No conviene olvidar que estas últimas son instrumentales, herramientas en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En una conferencia pronunciada en el primer Congreso de Educación e Internet, el catedrático de Filosofía José Antonio Marina señalaba que "el problema se plantea cuando nos preguntamos si el uso de las tecnologías de la información tiene una incidencia importante en el estudio de las restantes materias. El acceso a gigantescos bancos de datos puede facilitar información, los medios audiovisuales pueden motivar hacia ciertos temas y facilitar la comprensión. Lo que no podemos olvidar es que ni la información ni la comprensión son aprendizajes. Después de entender una cosa hay que aprendérsela y esto es lo que estamos olvidando".
Los países más desarrollados están realizando un importante esfuerzo financiero y organizativo para estar a la altura del reto tecnológico. Algunos ejemplos están en el Reino Unido con su programa National Grid por Learning o en Estados Unidos, donde su Thecnology Literacy Challenge Fund pretende la informatización de las escuelas con una inversión de 2.000 millones de dólares en cinco años. La misma política se está siguiendo en otros países como Suecia, Italia, Japón, Alemania, Dinamarca, Finlandia, Canadá y también España. La Malla Mundial -otro de los nombres con los que se conoce a Internet- posibilita que existan cada vez más recursos y sitios creados específicamente para utilizarse en las aulas, pero, cómo señalan ya muchos expertos, "la explosión de medios y recursos digitales es tal que muy pocos saben como utilizarlos eficazmente".
Puede que en esa transformación hacia la educación del futuro acaben primando los conceptos que siempre han definido la labor de enseñar: el humanismo, la práctica, el desarrollo de valores y aptitudes, la creatividad o el rigor científico, entre otros muchos. Frente a esa imponente montaña de información y conocimientos que nos aguarda en la "era digital", es probable que sean finalmente los profesores -como ha ocurrido en otros muchos procesos de reforma escolar- los encargados de poner cordura en medio de un laberinto que han creado otros para la escuela. Como explica el lingüista y escritor Jose Antonio Millán en su ensayo De redes y saberes. Cultura y Educación en las nuevas tecnologías, "Internet ha aumentado la comunicación entre los habitantes del planeta, pero también el ruido; ha aumentado el conocimiento, pero también los peligros (...) Una página personal con un poema es tan miembro de pleno derecho de la World Wide Web, como la página con toda la legislación de la Comunidad Europea. Este mundo abierto, anárquico, ilimitado, sin jerarquías, es en gran medida el mundo del futuro".