Maria Luisa Rodríguez-Moreno, Catedrática de Orientación Profesional y Formación Profesional de la Universitat de Barcelona
Desde que han empezado a divulgarse las nuevas tecnologías para la información y para la comunicación han sucedido dos fenómenos interesantes, a la vez que polarizados, entre la población docente: por una parte, los docentes que calculando su edad (desde los cuarenta años hacia adelante) ya van exclamando que para qué van a tener que aprender cosas nuevas si ya no les da tiempo (ven la jubilación muy cercana aunque todavía les queden 20 o 25 años de espera): por otra parte, los profesores que ven en el uso de las nuevas tecnologías una bonita panacea para activar el trabajo del alumnado y para ampliar sus horas de estudio independiente, creyendo que así ellos, los profesores, se podrán liberar de algunas tareas onerosas.
1) Del primer fenómeno, sería muy largo hablar y nos llevaría al tema sociológico de por qué actualmente, en España, hay tantísimos docentes desesperados, quemados y expectantes, deseoso de que los años corran muy rápido e impacientes por abandonar las aulas cuanto antes mejor. Ese problema, a la vez que sociológico y personal, es la punta del iceberg de toda una problemática de pérdida de autoridad sobre el alumnado, y, sobre todo, sobre sus familias, que afirman que la educación de sus hijos es muy importante, pero que, contradictoriamente, no quieren darle la autoridad a los profesores. Ya no digo honrar a los profesores (esta escala de valores de la honra y del respeto ya "no se lleva") pero sí por lo menos creer en el profesorado como técnicos en la materia y expertos en la pedagogía y en los métodos de enseñanza. Las Administraciones ven (creo que sí que se enteran) cómo profesores muy buenos y muy bien preparados están abandonando. Y no hacen nada para solucionarlo.
Por eso, esos profesores, anhelando salir de la trampa donde están (la presión de los adultos) ya no se sienten motivados a iniciar una nueva etapa en su proceder metodológico, incluidas las nuevas tecnologías.
2) De la segunda cuestión, explicaré brevemente, que para evitar cierto sesgo de desidia en la función docente, las competencias que debe desarrollar y conseguir tener un/a profesor/a que se precie de estar al día y presuma de modernidad, son las mismas que siempre se le exigieron a un maestro vocacional y experto. Aceptamos, desde siempre, que enseñar es, a la vez que una ciencia, un arte. Y en el caso de las nuevas tecnologías mucho más.
¿Qué competencias son ésas?
a) Desde la perspectiva del conocimiento: estar abierto a cualquier tipo de innovación de los saberes y estar predispuesto a la curiosidad interminable del progreso de los conocimientos.
b) Desde la perspectiva de las técnicas y de la metodología: saber planificar con mucha antelación las actividades que deberán realizar sus alumnos. Es decir: ser un buen programador, puesto que el trabajo on line o el trabajo de la navegación necesita de las cartas y de los sextantes (al igual que los expertos marineros) muy bien hechos y muy bien preparados de antemano.
c) Desde la perspectiva de las metodologías activas ahora es cuando se pueden poner al día. El profesorado deberá dominar las maneras de activar la clase en gran grupo, en pequeño grupo, individualmente, etc. Deberá conocer a fondo los sistemas socializados de la didáctica general: centros de interés, métodos de proyectos, actividades heurísticas, etc., que facilitarán el trabajo creativo y sólido del alumnado. No basta con dejar a los alumnos ante un ordenador que trabajen a la deriva.
d) Desde la perspectiva de las actitudes, el profesorado deberá ser muy flexible respecto al tempus de reacción de cada alumno. La flexibilidad comporta dominar la clase, conducirla por la vía del orden y de la permisividad controlada, saber aceptar las preguntas aparentemente ingenuas de los navegadores, etc. Ser flexible es lo más difícil. Aprender de las preguntas de los jòvenes o de los aprendices es un ejercicio de sabiduría y de humildad.
En fin: Yo diría que son las competencias de siempre. Por poner algún ejemplo: saber asumir los cambios, saber actualizar de los saberes, saber "llevar" una clase, grande o pequeña, con arte y con planificación y, finalmente, saber habituar al alumnado a informarse sobre lo importante para dejar a un lado lo accesorio. Esta habituación comporta, también, otros hábitos positivos, como podría ser conseguir el equilibro entre el uso de las nuevas tecnologías y el uso de las tecnologías clásicas (el papel, el lápiz, la pluma, a la vez que el ordenador) compensando sabiamente ambas herramientas.
Son las clásicas afirmaciones de Ovidio Decroly, de Rosa Sensat, de Andrés Manjón, de María Montessori, etc., aplicadas a la era actual, en la cual, aunque no nos lo creamos, no hay nada nuevo bajo el sol.